MI BECA EN JACKSONVILLE, NORTH FLORIDA

Cuando solicité la beca para estudiar durante un cuatrimestre en la universidad de North Florida (Estados Unidos), estaba convencida de que sería complicado conseguirla. Fue un mes después cuando un amigo me dio la noticia, “¡Elena, he visto que te vas a América!”. En ese momento sentí una mezcla de miedo y curiosidad.

 

Tras unos meses de preparativos, llegó el día de iniciar la aventura. Todo empezó muy bien, ya que al subir al avión, coincidí con una chica que también estudiaría allí y tuvimos tiempo de cambiar impresiones durante el vuelo. Llegamos a Jacksonville en una noche muy calurosa y en el aeropuerto nos esperaban dos sonrientes estudiantes que nos llevaron a nuestra nueva residencia. Fue en el camino hacia allí cuando sentí que todo iba a salir genial. Y así fue.

La Universidad de North Florida me impresionó desde el principio, ya que se encuentra dentro de un parque natural con un paisaje tropical muy diferente al de Alicante. Paseando por el campus, además de caminar entre estudiantes americanos subidos a un monopatín, en mi camino también se cruzaban ardillas, armadillos y mapaches, lo que siempre me arrancaba una sonrisa.

La “International House” fue mi residencia durante cuatro meses, y allí tuve la oportunidad de compartir estudio, comidas y cenas con estudiantes de muy distintos lugares del mundo. Nunca pensé que se podría aprender tanto cenando con amigos de El Cairo, cocinando con una amiga americana o limpiando la casa con mi compañera de piso china. Es en estos momentos cuando se diluye cualquier estereotipo que anteriormente hayas creado acerca de alguna nacionalidad, y empiezas a entender que no somos tan diferentes.

El día que entré a mi primera clase, todo fue mucho más fácil de lo que esperaba. Mis compañeros se sorprendían de tener una estudiante europea entre ellos y me preguntaban sobre España y nuestra cultura. Muchos ya sabían incluso decir “fiesta” y “siesta”. Los profesores no se quedaron atrás, me ayudaron para que mi estancia fuera más fácil y alguno de ellos me hacía participar en clase a menudo y me preguntaba acerca de las diferencias entre España y Estados Unidos, en el campo de la construcción.

También tuve la oportunidad de asistir a clases muy interesantes, por ejemplo, recuerdo una dedicada a la preparación a la vida laboral, en la que te explicaban cómo enfrentarte a una entrevista o redactar un buen currículum. Por otro lado, la parte práctica de las clases de construcción consistía en construir pequeñas casas en contenedores que más tarde enviarían a Haití. Sin duda, una manera práctica de aprender, con un fin inmejorable.

Otra de las cosas que me sorprendió en el ámbito académico fue que en muchas asignaturas se ofertaba la opción de “estudiante online”. Las clases se grababan y se colgaban en una plataforma, así que muchos estudiantes escogían esta opción y sólo se presentaban a los exámenes. También me llamó mucho la atención la variedad de “clubs” que había en la universidad. Al comienzo de muchas clases se presentaba un alumno para hablarnos de su asociación, te invitaban a participar, e incluso si lo hacías, el profesor podía subir tu nota final. La temática era muy diversa, desde Ingenieros sin fronteras, a Asociaciones de Ingenieros de la Construcción, Clubs de Lectura, Deportes,etc. Pienso que, de alguna manera, esto ayuda a que el alumno se involucre más en la vida universitaria y en su futura profesión.

Por otro lado, una de las ventajas de vivir un tiempo en un país tan grande y diferente, es que puedes aprovechar para viajar. Yo decidí hacer dos viajes uno a Nueva York y otro a San Francisco, lo que hizo completar un poco más mi visión de Estados Unidos.

En definitiva, para mí ha sido una experiencia muy positiva y animo sinceramente a quien esté pensando en solicitar esta beca. Después de tener esta oportunidad, pienso que es casi imprescindible salir de nuestras ciudades para ver otros puntos de vista, conocer a personas muy diferentes y aprender de ellas.

Yo, por lo pronto, me he traído en la maleta buenas amistades, un sinfín de anécdotas y una visión del mundo totalmente diferente a la que me llevé.

 

Elena García Agüero
Alumna de Arquitectura Técnica

 

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