Erasmus en Finlandia

En Febrero de 2010 me presenté en un pequeño pueblo del norte de Finlandia, Kemi. Iba decidida a hacer allí el proyecto final de carrera vía e-mail con mi profesor en España. Además iba a cursar una asignatura nada más, así que tenía por delante 3 meses y medio para descubrir el encanto de este pueblecito cercano al Círculo Polar Ártico.

 

Lo más impactante fue la cantidad de nieve que había, aunque si vas mentalizado (y abrigado) no se nota tanto el cambio de 10 ºC en Alicante  a -12ºC que hacía cuando llegué.  A partir de ahí llegamos a estar a -38 ºC, la temperatura más baja que vi en el termómetro, y viví en la piel literalmente tras salir de la sauna (a 55ºC aproximadamente) en bikini y tirarme a la nieve tal cual. Había pocas horas de luz, aunque más que los meses pasados según experimentaron otros compañeros españoles que llevaban más tiempo allí.

Yo vivía en un piso pequeñísimo, sin salón ni tele, pero con una compañera alemana, Saskia, que me enseñó inglés a base de repetirme las cosas mil veces sin perder la paciencia en ningún momento y junto con muchas otras personas, fue mi familia en Finlandia.

 

Viajamos lo que pudimos teniendo en cuenta que es un país carísimo, donde una barra de pan (si es que la encuentras) puede costar 2,25 euros. Yo visité varias ciudades y pueblos cercanos a Kemi como Oulu, o Haparanda, a sólo 25 km de Kemi y ya en el país vecino, Suecia. De ahí que en Finlandia tengan dos idiomas oficiales, el finlandés y el sueco, pero ambos con palabras infinitas entre las cuales no hay artículos.

También visitamos un Zoo en Ranua, cerca de Kemi, a pesar de mi opinión sobre los Zoos, pude ver de cerca osos polares, renos, alces, linces…
Conforme transcurrían los meses, experimenté el cambio desde -38ºC en Febrero, hasta +30ºC los últimos días en Mayo justo antes de volver a España. De hecho pude andar al principio sobre el mar Báltico helado, y bañarme tres meses después en él al mismo tiempo que tomaba el sol y pasaba calor.

Durante todo el tiempo iban aumentando las horas de luz al día, y las últimas semanas el Sol casi no se ponía, a las 12 de la “noche” allí era de día, y a las 3 ó 4 de la “madrugada” lo volvía a ser. 

Podría decir que lo peor, o lo menos bueno fue la época del “deshielo”, aunque mereció la pena vivir el cambio:

En cuanto a la Universidad puedo decir que las clases en inglés para Erasmus son fáciles de entender  y realmente merece la pena vivir la experiencia, porque además de lo que puedes aprender en clase, en un idioma diferente y rodeado de compañeros de muchísimos países, aprendes a desenvolverte en otro país con otra cultura y costumbres.

Gracias al famoso volcán de Islandia, la visita de mi novio duró cinco días más de lo previsto y pudimos recorrer Helsinki (a 10 horas en tren desde Kemi), las islas que la rodean e incluso viajar a Tallin (Estonia) en dos horas en barco.

Para terminar, simplemente repetir que es toda una experiencia recomendable a todo el mundo y por supuesto yo volvería a hacerlo sin pensármelo.

 

 








Laly Bellón
Alumna de Ingeniería Técnica de Telecomunicaciones, especialidad Sonido e Imagen

 

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