El “colapso” ecológico de la civilización maya

Mucho se ha escrito sobre el denominado “colapso” de la civilización clásica maya, y sobre cómo una especie de “Apocalipsis” sobrevino a este pueblo, diezmándolo y obligando a los pocos supervivientes a emigrar hacia el norte de la península de Yucatán: algunos autores estiman que, entre los años 790 y 889 d.C., espacio de tiempo en el cual sucedió este incidente, se redujo la población entre un 67 y un 93%.

 

Este desastre puso fin al llamado Periodo Clásico, época de gran originalidad cultural, y que se conoce como “Edad de Oro” del pueblo maya. Tras esta edad, comenzó el llamado Periodo Postclásico al norte de Yucatán, hoy territorio de Méjico, hasta la llegada de los exploradores españoles, que pusieron fin de manera definitiva a esta cultura.

Las ideas que se barajaban sobre el colapso eran más bien culturales: revueltas sociales e invasiones de pueblos olmecas y mexicas eran las hipótesis más sólidas para explicar el fin de esta cultura. Diversos estudios recientes han sugerido que el sistema de agricultura, uno de sus pilares, fue la causa de su propia destrucción. Estos textos afirman que es preciso una interpretación ecológica de este desastre. Para entender mejor esta teoría, es necesario explicar en qué consiste el sistema de producción agrícola maya.

El área del pueblo maya clásico está situada en pleno Petén guatemalteco, en la selva mesoamericana. En esta zona predomina el clima tropical, con abundantes precipitaciones, pero los suelos, de naturaleza kárstica y porosa, son muy susceptibles a la erosión, y no son capaces de retener los nutrientes que trae la lluvia. Además, la elevada acidez y poco contenido en nitratos hacen de esta región casi impracticable para el cultivo. Sin embargo, los mayas encontraron un medio de aprovechar su entorno, y éste fue la llamada agricultura de roza. Este sistema consiste en la tala de una superficie arbolada y la quema de la cubierta forestal, que es donde se encuentran los nutrientes, al contrario que en los ambientes templados, que están en los suelos, siendo las cenizas resultantes una excelente ayuda para los cultivos. Una vez realizada la cosecha, el terreno “rozado” necesita un periodo de descanso de entre 3 y 7 años por año de cultivo, con el fin de regenerar la vegetación, y con ella, los nutrientes. El ciclo de descanso y rotación debe mantenerse para no comprometer la fertilidad y calidad de los suelos, así como la recuperación. Este método presenta grandes ventajas, ya que es un sistema agrícola autorregererante, al contrario que los sistemas occidentales, donde es necesario el uso de abonos y fertilizantes. Así, con este tipo de producción, que no necesita grandes medios, se produjo un gran crecimiento demográfico durante el Periodo Clásico (200-400 d.C – 700-900 d.C.), en paralelo junto con el desarrollo arquitectónico, cultural y artístico que caracterizó a esta época. Pero no se puede abusar eternamente del entorno.

 

 

Conforme aumentaba la presión poblacional, la demanda de alimento era cada vez mayor, y los mayas ensayaron varias formas de intensificar la producción, acortando los tiempos de barbecho de los cultivos o alargando las épocas de siembra. La sobreexplotación del medio derivó en un grave problema medioambiental que no supieron enmendar a tiempo.

El modelo ecológico, propuesto, entre otros, por el Dr. Chris Uhl, sugiere que dos fenómenos contribuyeron significativamente al “colapso”: la presión poblacional y la tendencia del sistema agrícola maya a perder productividad bajo condiciones de intensificación. El estudio llevado a cabo por Uhl demostró que, al contrario de lo que se pensaba, el nivel de nutrientes no decrece tanto como se pensaba al intensificar la producción. Lo que en realidad ocurre es que la accesibilidad a los nutrientes sí se reduce considerablemente, particularmente al fósforo, un macronutriente, esto es, básico para el desarrollo de las plantas. La tala y quema continuada destruye las reservas de materia orgánica del suelo (troncos, ramas), alterando el pH, e inhibiendo la captación de fósforo y nitrógeno, otro macronutriente La caída del rendimiento de las cosechas, en otras palabras, no es causada por el declive en la acumulación de nutrientes, sino por un cambio en la proporción de los mismos. El potencial de regeneración de los suelos era cada vez menor, perdiendo cada vez de manera más acelerada la capacidad de utilización en la agricultura. Los mayas experimentaron un gran aumento poblacional durante el periodo Clásico. Se necesitaban más y más cultivos, y se despejaban cada vez más áreas de la selva. Los bosques finalmente, constituían islas de árboles en un mar de cultivos.

Tal era la situación a finales del Periodo Clásico (s. VIII-IX): ante la incapacidad de los cultivos de suministrar la cantidad suficiente de víveres a la cada vez mayor población se produjo un brusco descenso de ésta, con un aumento de la violencia y conflictos armados entre ciudades por el control de los pocos recursos existentes. Los mayas habían sido víctima de su propio crecimiento, y no habían sido capaces de dar soluciones a tiempo para la sobreexplotación de sus tierras.
Los mayas fueron una cultura que se adelantó a su evolución natural, más de lo que le permitía su propio medio y sus conocimientos del terreno, siendo un claro ejemplo histórico de abuso del entorno y de todas sus consecuencias sobre la población. Sus impecables logros astronómicos, matemáticos y arquitectónicos se sustentaron en un sistema agrícola que no respetaba los ciclos del medio en el que vivían, destruyendo el equilibrio natural de la zona (se estima que deforestaron un 75% de la selva del Petén).

Este episodio histórico es un buen punto de partida para reflexionar sobre la manera que tenemos de relacionarnos con el medio natural, y la forma en que se aprovecha. La cada vez mayor demanda de recursos puede extenuar a la naturaleza y destruir su equilibrio, tal y como les sucedió a los mayas. Este “colapso” ecológico casi acabó con el pueblo maya, que no supo revertir a tiempo la grave situación en la que se vieron envueltos. Es un buen aviso para advertirnos que la Tierra tiene un límite.

“[…] las vastas y complejas ciudades de piedra que sobresalían de la tupida vegetación, sus artefactos delicadamente elaborados, la complicada escritura jeroglífica y su preciso calendario con el que regulaban su vidas, todo fue desarrollado dentro de los límites de la tierra en que nacieron y se extinguieron. En ese país, que constituía el territorio maya, una tribu de indios que sumaban tres millones de almas, llevaron su civilización hasta la cumbre de una brillante Edad de Oro…, abandonando sus grandiosas ciudades… para empezar de nuevo en Yucatán… y luego perdieron todo, para siempre.”
Victor W. von Hagen

 

 

Carlos Sánchez Martínez

Estudiante Ingeniería Química

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