¿ESTÁN LOCOS ESTOS ROMANOS?

Cuando en ocasiones decimos que la química y la ingeniería química están presentes en nuestras vidas, y que han condicionado la evolución de la humanidad, quizá nos quedemos cortos a la vista de aquellos que piensan que determinados elementos de la tabla periódica han condicionado nuestra historia, y causado acontecimientos de gran trascendencia, como la decadencia de imperios, como el romano.

 

Obviamente ello sería llevarlo a un caso muy extremo, pero indudablemente la química o determinados elementos de la tabla periódica han podido condicionar en gran medida la sociedad de determinadas épocas. Este podría ser el caso del plomo, al que algunos autores achacan la decadencia de las clases dirigentes y de las élites durante el imperio romano.

El plomo es un elemento metálico que se encuentra en la naturaleza en minerales como la galena o la cerusita (sulfuro y carbonato de plomo respectivamente). El hombre aprendió en la antigüedad a obtener plomo, muy probablemente antes que el cobre o el bronce. Sobre el año 1500 A.C. ya se empleaban pequeños trozos de plomo como moneda, apareciendo las primeras monedas de plomo como tales en Numidia, Persia e India sobre el 200-300 A.C. En la antigüedad se consideraba el plomo como un regalo de los dioses: en Egipto fue asociado a Osiris, en Grecia a Cronos y en Roma a Saturno, motivo por el cual la intoxicación por plomo ha pasado a denominarse saturnismo.

Los romanos extrajeron plomo de Hispania, Galia y Britania, y lo usaron tanto en su forma metálica como en sales u óxidos para distintas aplicaciones. Por ejemplo, fabricaron cañerías y depósitos de plomo, utensilios de cocina de peltre (aleación de estaño, cobre, antimonio y plomo) o cosméticos a base de óxido de plomo (minio, de color rojo) o carbonato de plomo (cerusa, de color blanco).

La exposición al plomo en la población del imperio romano era patente, aunque cada aplicación suponía un distinto nivel de exposición. Por ejemplo, aunque el agua fuera transportada por cañerías de plomo, en el caso de aguas duras, como era el caso de Roma, tal y como citó Frontinus se podría formar una costra de cal que aislaba el plomo del agua, disminuyendo de ese modo el riesgo de contaminación.

El empleo de cosméticos como la cerusa, que daba cierta palidez (de moda en la época) a la tez de las mujeres romanas, suponía un mayor riesgo, pues eran aplicados con ayuda de pinceles o con la mano, y posteriormente permanecía en contacto con la piel.

En el caso de los depósitos o utensilios de cocina hechos de plomo, el mayor riesgo venía con el empleo de ácidos que dieran lugar a sales de plomo solubles en agua; éste era el caso del vino, que era susceptible de comenzar a agriarse dando lugar a ácido acético, que en contacto con el plomo formaba acetato de plomo, sal extremadamente soluble. Paradójicamente, los depósitos de plomo eran los preferidos para almacenar vino, pues el acetato de plomo, inhibía el agriado del vino asociado a la formación de ácido acético (por la propia toxicidad del acetato de plomo), y daba cierto dulzor al vino, pues no en vano el carácter dulce de dicha sal le ha hecho ganar la denominación de “azúcar de plomo”. Alternativamente, y cuando no se almacenaba en recipientes de plomo, podrían añadirse virutas de plomo metálico al vino, surtiendo el mismo efecto.

En esta misma línea, el acetato de plomo constituía el componente clave de una de las dos salsas más comunes de la cocina romana. Mientras que el gárum se obtenía por fermentación de tripas de pescado (Hispania era uno de los principales productores), a partir del mosto de uva se obtenían sapa y defrutum. Plinio describe que por evaporación de mosto de uva hasta 1/3 de su volumen se obtenía sapa, mientras que defrutum o defritum si la evaporación tenía lugar hasta ½ de su volumen. La evaporación se llevaba a cabo en calderos (defrutarios) que según Columela debían ser de plomo; los ácidos presentes en el mosto reaccionaban con el defrutario dando lugar a una disolución muy saturada de acetato de plomo (muy dulce), que se usaba a modo de salsa, probablemente de igual modo que cocineros en la actualidad emplean reducciones de vinos como el Pedro Ximénez. En muchas de las recetas que aparecen en el libro que escribió Apicio en el siglo I de nuestra era, y que han llegado hasta nuestros días (De re coquinaria), se usa defritum como aderezo.

El empleo de cosméticos, consumo de vino y de sapa o defrutum era más frecuente en las clases más favorecidas económicamente, pudiendo producir en ellos envenenamiento por plomo, cuyos síntomas, según el nivel de plomo en sangre, eran dolores de cabeza, estreñimiento, irritabilidad, depresión, cólicos, anemia, falta de energía, gota, insomnio, esterilidad en hombres y abortos en mujeres (según algunas fuentes el sapa era consumido por las prostitutas de la época), convulsiones, ceguera y a dosis muy altas, el fallecimiento. Esta asociación entre consumo de plomo y nivel económico, llevó a Gilfillan a elaborar un trabajo en 1965 en el que achacaba al plomo la decadencia del imperio romano, en el que sus clases dirigentes podrían haber sufrido síntomas tales como trastornos de comportamiento o esterilidad. Economistas, militares y sociólogos han criticado dicha teoría, atribuyendo a otros motivos la caída del imperio romano. Sin embargo, y al margen del estereotipo del emperador romano con serios problemas de comportamiento, como el Nerón interpretado por Peter Ustinov en la película Quo Vadis o Cómodo interpretado por Joaquín Phoenix en la película Gladiator, la lectura de “Los doce césares” de Suetonio da que pensar, pues al margen de la gota sufrida por emperadores como Galba, de las dolencias en el hígado de Augusto o el insomnio de Claudio, dicho estereotipo se consolida al leer algunas partes, como por ejemplo las que hacen referencia a Tiberio, Nerón, Calígula (apelativo que hace referencia a un tipo de calzado) o Cómodo. Síntomas como la gota no eran patrimonio de emperadores, sino que mujeres “notables” como Faustina la menor, esposa de Marco Aurelio, también la padecieron. ¿Todo ello es coincidencia? ¿Se debe al consumo de plomo? El análisis de esqueletos pertenecientes a dicha época revela elevadas concentraciones de plomo, y quizá este elemento sí que puso su grano de arena en la decadencia de la sociedad de la época.

Después de todo quizá Obélix no iba muy desencaminado cuando decía la frase “Están locos estos romanos”, y sabía de los efectos del plomo en parte de la población romana.

 

COCHINILLO AL CILANTRO

Meter el cochinillo en el horno. Preparar una salsa con los siguientes ingredientes: pimienta, eneldo, orégano, cilantro fresco, miel, vino, gárum, aceite, vinagre y defrutum. Calentarlo y echarlo encima del cochinillo. Añadir unas uvas pasas, piñones y cebolla troceada.

Sugerencia: Aunque no es posible encontrar gárum en un supermercado y saber exactamente cómo sabía, una pasta de anchoas o la salsa vietnamita nuoc-nam podrían ser un sustituto actual.

J. Carlos García
Subdirector Ingeniería Química

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