Construyendo puentes hacia empresas

Muchos estudiantes, al acabar una carrera, tienen esa sensación, mezcla de euforia e inseguridad, que les provoca por un lado, el haber acabado con éxito unos estudios y por otro, el hallarse ante un espacio inexplorado o difuso que hay que recorrer para poder llegar a la otra orilla, donde les espera el deseado puesto de trabajo en la empresa.


La búsqueda de trabajo supone un reto no exento de dificultades que requiere un despliegue de habilidades y capacidades para las que no ha sido específicamente preparado el egresado. Además, cuando se encuentra trabajo, el egresado debe adaptarse a una nueva forma de aplicar sus conocimientos y a la convivencia con otros profesionales en un ambiente con reglas y normas de actuación muy distintas a las del mundo universitario.

En la otra orilla, los empresarios y empleadores también perciben el desnivel que debe superar un egresado para poder incorporarse a la empresa en condiciones idóneas. En muchas ocasiones este desnivel no está relacionado con los conocimientos específicos de la titulación del egresado, sino que se echa en falta una serie de aptitudes y actitudes que no forman parte explícita del currículo universitario.

Una de las principales carencias apreciadas por las empresas es la de la falta de adaptación a las relaciones laborales. El desconocimiento del funcionamiento de la empresa y de cómo desenvolverse en ella, no sólo dificulta las relaciones del trabajador con la empresa, sino que también perjudica la relación del recién incorporado con el resto de sus compañeros. No se trata de una percepción subjetiva ni exclusiva de nuestro país, numerosas investigaciones científicas aseguran que, aparte de los conocimientos científico-técnicos específicos, los factores de inteligencia emocional y de personalidad también forman parte del conjunto de competencias que los trabajadores necesitan para llevar a cabo su labor de forma exitosa.

Investigadores de reconocido prestigio como Burns, Chisholm y Blair (2007) analizaron la relación entre la empleabilidad y la profesionalidad, llegando a la conclusión de que los conocimientos específicos adquiridos en una titulación universitaria, a menudo no son suficientes por sí solos para garantizar el empleo. Los empleadores opinan que desde la Universidad se debería hacer hincapié en la formación de competencias de carácter genérico.

A menudo, las empresas asumen la formación en este tipo de capacidades, en parte porque los tradicionales esquemas de educación superior dejaban fuera del currículo competencias que no fueran las específicas del título que desarrollaban. Así, las más importantes tienen programas específicos para formar a sus empleados en competencias sociales tales como el trabajo en equipo y la capacidad de liderazgo, el manejo del estrés, el control de las propias emociones o la inteligencia interpersonal. Una prueba de la importancia que tienen estos programas de formación es que son guardados celosamente, ya que son considerados ventajas competitivas.

Se asuma o no la formación en estas competencias por parte de la empresa, el egresado necesita un período de tiempo largo para su adaptación al mundo laboral (que algunos empresarios cifran entre 6 y 12 meses) hasta que finalmente consigue ser productivo para la empresa.

La universidad tiene herramientas para hacer que el salto entre el egresado y el mundo laboral sea menor. De hecho, existen alternativas que ya se están llevando a cabo en algunas titulaciones de la EPS, como la del “aprendizaje basado en proyectos”. Este tipo de aprendizaje se basa en adquirir conocimientos ligados al desarrollo de un proyecto. La ejecución de estos pequeños proyectos se efectúa en un ambiente de microempresa artificial controlado por un tutor, con alumnos de cursos superiores dirigiendo a alumnos de cursos inferiores. De esta manera se introduce al estudiante en una organización empresarial básica donde se empiezan a percibir la importancia del trabajo en equipo, la responsabilidad y el liderazgo.

Otra herramienta que se puede potenciar más para estrechar el vínculo universidad/empresa es la de las prácticas externas. Estas prácticas ya en los nuevos grados se integran dentro del currículo universitario como una asignatura más. Esta asignatura puede combinarse con la estrategia del aprendizaje basado en proyectos para que sean las empresas, desde el comienzo, las que propongan esos proyectos con los que los estudiantes van a realizar su aprendizaje de manera transversal. De esa manera, la realización de prácticas no sería sólo una experiencia puntual de unos pocos meses, sino la culminación de un proyecto de 2-3 años en los que la empresa siempre ha estado presente de alguna forma y que finalmente, en el periodo de prácticas, se puede materializar en la misma empresa.

Por otra parte, la implicación de las empresas en todo el ciclo formativo no sólo haría atractiva su participación en la universidad por el interés de proponer proyectos propios, sino que el estudiante se familiarizaría con ella durante un periodo más extenso, conociendo mejor su estructura y funcionamiento. Además, el estudiante tendría la oportunidad de tener una experiencia laboral real que le permitiría conocer la forma de trabajo de las empresas.

En resumen, la colaboración empresa/universidad puede potenciarse aún más. La sinergia producirá egresados con una vinculación empresarial que facilitará su integración en el mundo laboral. Por otro lado, las empresas verán reducido tanto el tiempo como los recursos necesarios para integrar al nuevo trabajador en su estructura, siendo éste, además, más eficiente.

 

 

Antonio Jimeno
Subdirector de Prácticas en Empresa EPS

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