PILAR BELLÓ RICO, ARQUITECTA TÉCNICA HACE MÁS DE 25 AÑOS

Hasta hace apenas una semana no me había parado a pensar en que realmente han pasado 25 años. 25 años desde que empezó la andadura de la Escuela Politécnica de Alicante. Desde que, si eras mujer tenías que escuchar  tantas veces aquello de “¿pero vas a estudiar una carrera de hombres?”. O, “¿cómo vas a trabajar en un mundo de hombres?”

Hasta hace apenas una semana no me había parado a pensar en que realmente han pasado 25 años. 25 años desde que empezó la andadura de la Escuela Politécnica de Alicante. Desde que, si eras mujer tenías que escuchar  tantas veces aquello de “¿pero vas a estudiar una carrera de hombres?”. O, “¿cómo vas a trabajar en un mundo de hombres?” Realmente creo que lo que nos planteamos fue poder dedicarnos profesionalmente a lo que nos gustaba y nos atraía, en mi caso la construcción. Así que, a pesar de todo me matriculé, y resultó que no era la única mujer, había varias. No éramos muchas, pero siempre he tenido la sensación de que cuando tienes una vocación no se tiene en cuenta tu sexo.

Desde entonces, hemos recorrido un camino, hemos escrito una historia. Fue una época complicada la que nos tocó vivir, pero no por ello menos gratificante. Una Escuela de Arquitectura Técnica que, junto con la Escuela de Informática estaba empezando a caminar en una Politécnica que hasta entonces solo contaba con la Escuela de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas. Recuerdo que todos cabíamos en un aula, y que en primero solo teníamos cinco profesores ya que dos de ellos hacían doblete. Realmente era casi como seguir en el instituto. Tuvimos una gran movida por las atribuciones, que nos llevo a estar 4 meses en huelga, a asistir a manifestaciones en Madrid y a luchar por reivindicar lo que creíamos nos correspondía, nuestras atribuciones, nuestro campo de trabajo.

Miro atrás y veo momentos de trabajo duro, de estudio y de esfuerzo, muchas horas de biblioteca, pero también tertulias en la cantina de los barracones del Jorge Juan, puesto que en la Politécnica no había y partidas de futbolín en el aeroclub cuando había que ir a hacer fotocopias puesto que era la reprografía más cercana.

Recuerdo a los profesores que tuvimos, unos más duros que otros, pero de todos ellos aprendimos algo que nos ha servido para formarnos como profesionales y como personas. Algunos de ellos empezaron su andadura universitaria al mismo tiempo que nosotros, los hay que todavía siguen en la Escuela, otros la han dejado. Quiero tener un recuerdo muy especial hacia uno de esos profesores, D. Juan Gallardo Aragoneses, al que admiro personal y profesionalmente y que falleció este mismo año.

Clase tras clase, práctica a práctica, asignatura a asignatura, vamos avanzando y nos damos cuenta que cada vez está más cerca el mundo laboral, donde tendremos que poner en práctica todos los conocimientos que hemos ido adquiriendo. Recuerdo cierta sensación de vértigo en mi primer trabajo. Aún no había terminado la carrera cuando, junto a otros compañeros y compañeras, me inscribí en las prácticas que por aquel entonces se realizaban por medio del Fundesem. Mi destino: el ayuntamiento de Santa Pola junto a otra compañera. Fue un trabajo de toma de datos referente a unas infracciones urbanísticas. En ese momento me dí realmente cuenta de la diversidad de trabajos que acoge nuestra profesión.

Tras estas prácticas y, a pesar de no haber terminado la carrera (me quedaban tres asignaturas y el trabajo final ), empecé a buscar trabajo, ya que estábamos en una época de crisis en la construcción (1990) y pensé que sería mejor lanzarme al mundo laboral cuanto antes.

Mis dos primeras entrevistas de trabajo fueron en sendos estudios de arquitectura en los que se me propuso realizar mediciones y memorias de proyectos, pero “ya que estaba allí” también haría fotocopias, cogería el teléfono, haría trabajos de administración… Con lo que no podía contar era con llevar direcciones de obra cuando tuviera mi título, ya que para eso estaban los Aparejadores (en masculino). Fue un duro golpe darme cuenta de que mi condición femenina sí podría afectarme en mi realización profesional.  

Al reto de ser mujer en un mundo donde la mayoría de profesionales eran hombres, se añadió otro: los ordenadores. Durante la carrera el único contacto que tuvimos con la informática fue el de ver a nuestros compañeros que estudiaban dicha carrera. Los cálculos de estructuras, las mediciones, etc… todo era a mano y con calculadora científica. ¡Menudos tiempos!

Sin tener conocimiento alguno de informática y sin ver un ordenador a menos de 10 metros, entre a trabajar en un Estudio de Arquitectura donde estaba implantado el sistema informático. Quizá uno de los primeros estudios que lo implantó. Hubo una ocasión en la que, hacía un mes que había empezado a trabajar, ya empezaba a entenderme con el ordenador y de repente vi como empezaba a salir humo. Se quemó el monitor.

Fue una generación de Arquitectos Técnicos que tuvo que enfrentarse al mundo laboral con mucha energía y capacidad de trabajo para ejercer algunos de los campos que teníamos asignados.

Ha sido un periodo de veinticinco años en los que hemos tenido que luchar por las atribuciones que nos correspondían, que han hecho que podamos ejercer en un gran número de campos de trabajo, y en los que la legislación, las distintas normativas, instrucciones, etc. han ido evolucionando hasta llegar al reciente Código Técnico de la Edificación. Todo ello nos ha exigido estar continuamente reciclándonos para poder desarrollar correctamente nuestro trabajo y ser buenos profesionales.

Hoy en día, el ser hombre o mujer en esta profesión no se tiene en cuenta, pero no hace tantos años, se sucedían lo que hoy podíamos considerar anécdotas, pero que por lo menos a mi me ha llevado a estar más orgullosa si cabe del trabajo realizado y de la experiencia laboral conseguida.   

Una de estas anécdotas fue el que me firmaran una hoja de encargo que posteriormente rompieron para contratar a otro compañero ya que no terminaban de fiarse de que una mujer pudiera ejercer de directora de obra. Otra de ellas sucedió en mi primer día en obra, cuando toda mi preocupación era si sería capaz, la preocupación del encargado de la misma era el que su mujer no se enterara de que otra mujer le “mandaba”. Ha sido complicado explicar en las obras que, a pesar de estar embarazada de ocho meses, puedes moverte por la obra, de hecho personalmente he subido andamios y revisado armados en losas de cimentación.

En general, hoy por hoy, puedo decir que me siento orgullosa de poder dedicarme a la profesión que en su día elegí, para la que estudié y me preparé.

Pilar Belló
Arquitecta Técnica por la Escuela
Politécnica Superior

Comentarios   

0 #2 mcc59 09-02-2011 05:59
Admirable su dedicación, y es realmente envidiable su paciencia con este tipo de estudios.
Debo admitir que es una de las pocas mujeres que conozco con tanta integridad en su trabajo.
0 #1 Sergio 08-02-2011 10:09
Sin gente como ella, hoy no habrían mujeres en el mundo de la construcción. Enhorabuena

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