Dreamers / soñadores

El término Dreamers, que procede del inglés, y cuya traducción más literal es Soñadores, se ha puesto de moda para referir los más de 2 millones de inmigrantes hispanos que llegaron a los EUA siendo niños y que podrían ser deportados. Sin embargo, ‘Dreama’, que no ‘Dreamer’, procede de las siglas del proyecto de Ley que pretende remediar esta situación: el Development, Relief and Education for Alien Minors Act (o Ley del Fomento para el Progreso, Alivio y Educación para Menores Extranjeros). Esta iniciativa, que se remonta a 2006, ha estado en el eje del debate electoral que ha precedido a la reelección del presidente de los EUA el pasado año de 2012.


Si la Ley sigue adelante y es aprobada por las cámaras de representantes de aquel país supondrá, para todos los afectados, la posibilidad de optar, tras un corto periodo de años, a los mismos derechos que sus compatriotas al obtener la ciudadanía americana. De alguna manera, toda esta masa de jóvenes, sobre la que se cierne un oscuro panorama, recibiría un reconocimiento al esfuerzo de sus padres y de ellos mismos en igualdad de condiciones ante las leyes. No extraña, pues, que las siglas de la Ley hayan derivado en el vocablo dreamer, el cual explica las aspiraciones de la juventud inmigrante que ‘sueña’ ante la actual desesparanzadora crisis.


Por similitud con este colectivo que, en su mayoría, se encuentra entre los 20 y los 30 años, podríamos trasladar Dreamers al castellano, Soñadores, para designar el conjunto de los jóvenes españoles que, en la actualidad, se encuentra estudiando o ha finalizado sus estudios, es decir: la generación más preparada de todas las que ha tenido España. Para ellos, el futuro es muy incierto: escasas perspectivas de trabajo en el mercado laboral y dificultad de que el ansiado puesto se ajuste a su preparación universitaria. Ellos son, pues, nuestros soñadores, algo que todos fuimos algún día, quizás, porque fuimos jóvenes y conviene no dejar de serlo nunca: que nadie trunque nuestros sueños.

En 1974, en plena crisis del petróleo, el grupo británico de rock Supertramp grabó su tercer álbum que traía por título: Crime of the Century. En dicho long play se incluía la canción Dreamer que fue un éxito y les confirmó como grupo de culto. La letra decía: “Soñador, sabes que eres un soñador. Puedes echarte las manos a la cabeza. ¡Oh no!”. Entre los mayores crímenes de la humanidad está el desatender a sus jóvenes en quienes reside el futuro. De actuar así, terminaríamos por llevarnos las manos a la cabeza al darnos cuenta del grave error cometido. Un año después, en 1975, Supertramp lanzó un nuevo LP que los catapultó a la fama. Su título, en plena crisis económica, fue el de Crisis, What crisis? cuya portada denunciaba la hipocresía de toda una sociedad que, a la vez que contribuía a arruinar la salud medioambiental del planeta, sobrevivía en medio de la inmundicia y los desperdicios generados por una tecnología hipertrofiada, más preocupada por obtener sus fines (confort) y muy despreocupada por sus consecuencias (huella ecológica).

Jugando con títulos y canciones detectamos un cierto paralelismo entre la situación que hoy viven los dreamers norteamericanos y los soñadores españoles. Ambos colectivos desean hacer realidad sus aspiraciones: vivir en paz en un mundo mejor que pretenden cambiar poco a poco. Pero, si este lento e inexorable giro no es posible realizarlo pacíficamente quizás haya que plantearse la posibilidad de hacerlo más activamente como indignados ante el asfixiante horizonte que se dibuja. No dudo que saldremos de esta crisis que algunos señalan como sistémica y que está socavando muchos de los pilares de nuestra socialdemocracia, en general, y el modo de ejercer la profesión de arquitecto, en particular. Y no lo dudo porque creo que la mayoría de las crisis son cíclicas: a periodos de expansión le siguen otros de contracción, si bien su resolución no nos devuelve al punto de partida. Quizás porque conviene a nuestra propia especie y a nuestro propio futuro en el planeta, proceda no aplazar más hacer realidad los sueños de nuestros Dreamers porque de ellos depende nuestro futuro. Ellos, los soñadores del presente son el futuro de todos.

 

Andrés Martínez Medina
Profesor Titular de Arquitectura en la EPS

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