De Aparejador a Ingeniero de Edificación, un largo recorrido en un corto espacio. 25 ANIVERSARIO

La actual profesión de Arquitecto Técnico, futuro Ingeniero de Edificación y anteriormente Aparejador, tiene una dilatada y singular historia, cambiante y adaptada al correr de los tiempos tanto en el hacer como en la denominación.

El Aparejador aparece en sus orígenes como la figura de un experto capaz de organizar todo el proceso constructivo, tanto en el plano técnico como en el económico. La historia misma muestra la necesidad de esta figura, que a medida que aumentaba la complejidad de las obras se hacía más imprescindible.

 

 

Las primeras referencias se encentran en la primera mitad del siglo XV. En la capilla de Santa Clara de Tordesillas hay una inscripción en uno de sus sepulcros que reza de esta manera: “Aquí yace Guillen de Rohan, maestro de la iglesia de León y Aparejador desta capilla”. En la primera mitad del siglo XVI aparece descrita la intervención profesional del Aparejador como denominación profesional, no siendo una titulación académica. Su formación se deriva del conocimiento y de la práctica de los diversos gremios u oficios de la construcción, por aquellos maestros  oficiales especialmente capaces por vocación y aptitud.

Las primeras competencias de los Aparejadores aparecen en el siglo XVI, dictadas por Reales Cédulas para obras singulares de nobles y reyes, en ellas se fijan para el aparejador, entre otras, las competencias de elegir los materiales, fijando cantidad y calidad, contratar y pagar a los trabajadores y dirigir la ejecución de las obras. En los dos siglos siguientes, XVII y principios del XVIII se produce un lago proceso de evolución socio-profesional en el que el modelo gremial de maestro-constructor va siendo sustituido por otro de división del trabajo, caracterizado por la profesionalización del arquitecto-artista diseñador de la obra. Como resultado de este proceso se crea el 1757 la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, iniciándose un proceso de ordenación de los estudios ligados a la arquitectura y su ejercicio profesional, reconociéndose dos títulos: el de Maestro Mayor o Arquitecto y el de Maestro de Obras. Las disputas entre ambos, fundamentalmente ocasionadas por el ámbito de las competencias profesionales, las resuelve el Estado el 24 de enero de 1855 mediante el “Decreto Luján” mediante el cual se produce la anulación del título de Maestro de Obras, sustituyéndolo por otro de cuño oficial, el de Aparejador. Este Decreto ponía en peligro de desaparición la profesión de Maestro de Obras y dos años más tarde se reimplantan las enseñanzas y el título de Maestro de Obras. Unos años después, en 1870, el Real Decreto de 8 de enero establece la equiparación en las construcciones oficiales de las atribuciones de los Maestros de Obras y de los Arquitectos, desapareciendo la cualificación oficial de Aparejador. Veinticinco años después y mediante un Decreto se reimplantaría oficialmente y de nuevo el título de Aparejador disponiéndose, además, que los estudios correspondientes se realizarian en las escuelas de Artes y Oficios, en la sección técnico-industrial, y no en la artístico-industrial.

A partir de entonces, y coincidiendo con el inicio del nuevo siglo, comenzaría un periodo de aprobación de leyes conducentes a la incorporación de atribuciones profesionales a la figura tan consolidada social y profesionalmente del Aparejador.

Habría que esperar hasta bien pasada la primera mitad del siglo XX para que con la Ley de 29 de abril de 1964 sobre regulación de las Enseñanzas Técnicas, se cambiara el nombre de Aparejador por el de Arquitecto Técnico constituyéndose entonces como una diplomatura de único ciclo. A partir de esta fecha se seguirían perfilando las atribuciones profesionales, existiendo intentos frustrados por conseguir una norma común que regulara el proceso edificatorio. Norma que aparecería con la aprobación de la Ley 38/1999 de Ordenación de la Edificación, de grandísima importancia en el desarrollo del proceso de la edificación.

El siguiente gran salto cualitativo que experimenta esta antigua profesión, hay que buscarlo en lo que se conoce como Espacio Europeo de Educación Superior cuyo proceso se inició en Bolonia. Con el desarrollo del Libro Blanco del Título de Ingeniero de Edificación en 2005, se ponía en marcha un proceso con fecha de caducidad en el 2010, proceso irreversible que transformará, los estudios de diplomado que conducen a la obtención del título de Arquitecto Técnico, en estudios de grado con los que se alcanzará el título de Ingeniero de Edificación. Será a partir de este esperado momento cuando se obtenga un merecido reconocimiento académico a una profesión que conlleva, para los alumnos, una dificultosa y elevada carga docente, y, para los profesionales, una gran responsabilidad y capacidad de gestión para el ejercicio de sus atribuciones.

 

 

V. Raul Pérez Sánchez
Subdirector Arquitectura Técnica


Nela Carbonell Lado
Directora Máster Gestión Edificación

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